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PONE SU VIDA ENTERA A SUBASTA EN "EBAY" TRAS ROMPER CON SU MUJER

por carlos520
lunes, 24 de marzo del 2008 a las 04:04
guardado en
Ian Usher, un inglés de 44 años que obtuvo la nacionalidad australiana en 2006, ha decidido poner su vida entera a subasta en "eBay", tras una traumática separación de su mujer, a fin de recomenzar su existencia desde cero.

"Mi vida entera está a la venta. Todo", asegura Usher en "www.alife4sale.com", una web que él mismo ha montado para dar publicidad a su subasta, de la que asegura que no es ningún montaje, según informa el diario "The Times".

Pone a la venta casa, muebles, coche y hasta a su "grupo de amigos", con un precio de partida de un dólar australiano (0,58 euros). Cuando se acabe la subasta, que se celebrará en junio, asegura que dejará su hogar y "me iré únicamente con la ropa que lleve puesta y portando sólo mi cartera y mi pasaporte".

Ian Usher se crió en el norte de Inglaterra y emigró a Australia en 2001, con su esposa Laura, después de desarrollar diversas actividades profesionales, entre ellas la venta de coches y la formación de jóvenes trabajadores para British Rail, la gran empresa de los ferrocarriles británicos.

En 2007 se separó de su mujer y ahora ha llegado a la conclusión de que debe romper con su pasado, tras vender su casa y propiedades, de las que espera sacar medio millón de dólares australianos (unos 290.000 euros).

Usher asegura que su vida en la localidad australiana de Wellard era maravillosa hasta que se separó de su esposa. "Me casé con la mejor chica del mundo. La amaba con todo mi corazón y ella me correspondía. Sin embargo, después de 12 años juntos y cinco años maravillosos de matrimonio me alcanzó un rayo caído del cielo", afirma, sin entrar en más explicaciones sobre ese momento crítico de su existencia.

Tras vender su vida actual en pública subasta, piensa dirigirse al aeropuerto "y preguntar en el mostrador dónde va el próximo vuelo en el que haya un asiento disponible, y subirme a él y ver qué me depara la vida".

Hipnotizó a una cajera y le robo 600 euros

por carlos520
lunes, 24 de marzo del 2008 a las 04:00
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La cajera italiana dijo lo que último que recuerda es la frase: “Mirame a los ojos”. Al parecer, no sería la primera a la que le pasó un hecho como este. Todas las personas hipnotizadas habrían perdido la memoria en el mismo instante.

La Policía italiana está buscando al hombre al que, después de ser capturado por la cámara de seguridad del supermercado, fue reconocido como un hombre árabe o norafricano con un gran parecido a Saddam Hussein.

Según publica el “Daily Mail”, la última víctima del hipnotizador no recuerda nada de lo sucedido y se manifestó muy sorprendida cuando notó que le faltaba dinero de su caja. Aunque las sospechas podrían haber caído en la cajera, la cinta de seguridad registró con precisión el incidente y la cajera quedó libre de culpa y cargo.  

 

la efemeridad de la vida

por carlos520
sábado, 01 de marzo del 2008 a las 01:42
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¿Alguna vez se han puesto a pensar en la efimeridad de las cosas? Todo transcurre tan rápido: nacemos, crecemos, nos desarrollamos, nos reproducimos, envejecemos y morimos. Y ello acontece en todo orden de cosas.

Ya hacen dos años que me vengo dando cuenta de esto que, aparentemente, es tan natural - y ciertamente lo es -, pero tan doloroso.

Hoy, a estas horas de la madrugada, padeciendo del insomnio de la fiebre y de la melancolía, nuevamente caí en la cuenta de que yo, alguna vez y como todo, seré un pasado que con los años será inexistente. Tengo apenas diecisiete años, pero me parecen del mes pasado los días aquellos en que recién comenzaba a gozar del uso de la razón: los tres a cuatro años. Recuerdos vagos, difusos, que jamás volverán a existir más que en mi frágil memoria.

Todavía me acuerdo de mi antaño joven madre, que llevaba unos escasos veinticinco años a cuestas, cuando jugaba conmigo a grabar nuestras voces en un cassette que cada vez se escucha peor, hasta que llegará el día en que la última evidencia de aquél brumoso pasado mío sea enterrado en el fondo de un vertedero, olvidado. Nadie sabrá lo importante que fue aquel trozo de plástico para alguien alguna vez, nadie lo sabrá. Será tan sólo un cachibache, un desperdicio.

A veces las lágrimas están a punto de brotarme cuando veo viejas y desteñidas fotografías en blanco y negro, en donde aparecen rostros que ni conozco de tiempos remotos. Gente que al instante de apretar el botón del flash estaba tan contenta, tan viva, y que ahora están muertos, enterrados tanto ellos como sus vidas, sus historias, sus existencias. Nada de ellos ha perdurado más que una brumosa y vieja fotografía que, más tarde que temprano, será quemada o tirada quién sabe dónde, sin nadie que la quiera encontrar de nuevo...

Aún recuerdo aquellos lejanos días de mi infancia con mi joven y amada madre en aquel pequeño departamento en pleno centro de la capital. Como ya lo mencioné, son imágenes vagas, difusas, pero que de todas maneras me deprimen al darme cuenta que aquellos instantes ya jamás volverán y que tan sólo existen por obra y gracia de mi cerebro. Cuando yo muera, ¿quién los recordará? Nadie.

Y de mi abuela también me acuerdo, pero ella murió cuando yo todavía no había cumplido los siete años de edad. Ya jamás estará conmigo tampoco, como los recuerdos. También ella es pasado, junto con su existencia y con su ser. Mi último cumpleaños con ella también es imborrable de mi corazón... yo esperaba anhelante cumplir mi séptimo año de vida con ella, pero, lamentablemente, ello jamás aconteció. No supe el motivo hasta unos meses más tarde, pero ya no valía la pena ni jamás la valdrá: también constituye otro irrepetible momento de mi existencia.

De mi padre también me acuerdo, sobre todo en momentos como este. Este último tiempo me he puesto más melancólico y triste que nunca, y ello se debe a que lo de siempre me está ganando la batalla para seguir siendo como siempre: efímero. Todavía recuerdo aquella última noche con él, con fecha incluida: jueves 6 de abril de 1995. Él había llegado de trabajar, y con él traía tres palmeritas para el jardín. Cenamos tallarines luego de que él me mandara a comprarle un remedio para la picazón de mi antaño gata Sofía. Digo antaño porque tampoco está conmigo ahora y jamás lo estará. Jamás olvidaré cuando él, aquella última noche, me preguntó qué cantidad de fideos debía cocer, antes de que yo fuese a la farmacia, y que yo le contesté, despreocupadamente y con gracia, que le echara todo no más. Luego de cenar, nos fuimos a dormir. También me acuerdo que mi madre no estaba en casa, pues debía cuidar la otra de la playa.

Al otro día, un también inolvidable viernes 7 de abril de 1995, yo me levanté como siempre para ir al colegio. Al buscar las monedas para el transporte, él me dijo que sacara las que me hiciesen falta. Dormía sobre su cama en el piso, las cortinas cerradas y cara de sueño. Al regresar a casa, a eso de las 14.45, una atmósfera distinta yo percibía. La casa estaba solitaria, las habitaciones y la cocina desaseadas, y yo, al entrar a la cas, lo que más me acuerdo es que, al atravesar el umbral de la puerta del living, miré a través del vitral hacia el patio y pensé que mañana nos iríamos a la playa, pues era semana santa. Aquella tarde comenzó extraña para mí. A eso de las 15.45 llamaron a mi casa de donde mi padre laboraba para pedirme el teléfono de mi tío, el cual yo no poseía. Extrañado ante tal llamada, me prometí darle ese recado a mi padre a su regreso. Pero nunca se lo dí. Él, para entonces, ya había fallecido un cuarto de hora antes. Al otro día lo ví dentro de su ataúd, en una capilla del barrio alto, con su semblante sereno de siempre y su calva postrera. Lo único que delataba su tétrico estado eran las magulladuras de la cara, el feo hematoma mal maquillado por enciMA de su ojo derecho - ya que allí se golpeó al caer sin sentido al piso del reducido baño cuando lo acabó de fulminar un ataque al miocardio asintomado con decenas de minutos de antelación por él mismo - y una gota de sangre que escurridiza se filtró por su oído izquierdo huyendo de su cerebro sacado y repuesto tras la fría autopsia de rigor. En ella todo salía tan frío... Fueron momentos tristes. Pero todos, junto a mi padre y su existencia, ya son sólo recuerdos, que sin un alma que los recordase pasarían a engrosar la fila de lo eterna e irrevocablemente olvidado e inexistente.

Instantes de dolor como los que padecí ante la inexistencia de mi padre los volví a vivir casi cuatro años después con el sacrificio de mi viejo perro Lautaro. Lo echo mucho de menos, ya que era, en la práctica, un hermano parA mí. Y lo que más lamento es que él, quizá cuando me necesitaba, fue sustituido por el computador en el cual ahora escribo. Por suerte, antes de agonizar, alcanzó a gozar de tres inolvidables semanas en la casa de la playa, en donde alcanzó a disfrutar del concho de vida que le restaba. Si bien tengo muchos recuerdos de él, será los de aquellas últimas tres semanas de vitalidad los que más nostalgia me darán y su último tiempo de agonía los que más tristeza me proporcionarán. Jamás, asimismo, podré olvidar los momentos previos al cumplimiento de su fatal destino, un día sábado 13 de marzo de 1999. Ya no había vuelta que darle: su destino estaba marcado de antemano por la muerte por medio de un cáncer que se le propagaba rápidamente y que mermaba a sus escasas fuerzas. Pero él, a pesar de todo, sonreía los últimos momentos. Los degustaría, tal vez, como el último paseo de su vida. Al momento de ponerle las inyecciones, mi madre no aguantó más y abandonó la sala del verdugo. Las lágrimas estaban que brotaban a torrentes de mis ojos, pero me contuve tanto como no lo hago ahora. Lo subimos a la mesa, y mi viejo perro ya estaba manso y lánguido, aceptando implícitamente su sino. Diez inyecciones de veneno y abundante agua acabaron con el vaivén de sus pulmoncitos, aquellos que respiraron por tanto tiempo, que jadearon en nuestras jugarretas de cachorros, que le dieron impulso a sus ladridos de euforia. Pero todo acabó, su corazón se detuvo para siempre, y ya jamás volvió a ladrar para mí. Desde aquel momento también se hizo humo, se hizo tan sólo un recuerdo del que no quedará más que su collar y su pelota, objetos que serán guardados para siempre por mí. Cuando sea viejo, y su existencia la vea en la bruma de mi lejana juventud, me recostaré con su collar en mi mano y con su pelota en la otra a ponerme a llorar y a pensar que alguna vez estuvo conmigo.

Muertes, muertes y más muertes. Años que pasan, cumpleaños que vienen y se van, personas que nacen y otras que envejecen. Es deprimente darse cuenta de que estamos impotentes frente a ello. Tantos gatos he tenido y tantos han muerto o desaparecido, y de algunos no me queda más que un vago y ambiguo recuerdo. ¿Dónde estará la Sofía, la Rabieta? Nadie lo sabe, y lo peor es que, por mucho que lo intente, sus existencias ya están sumidas en las brumas de lo olvidado. También tuve hamsters, y todos no duraron más de dos años. En su momento sus existencias me eran una lata, pero ahora me arrepiento tanto y me dan ganas de volver a ver a sus indiferentes personas, inexpresivas, como muertas en vida, para pagar por las atenciones que no les supe proporcionar.

¿Qué viene ahora en el triste menú de la vida? De seguro que ya se avecinan la muerte de los hermanos del Lautaro: el Oso y la Tewalda. Cuando ello acontezca, mi congoja ya no tendrá límites. No puedo tolerar la vida sin saber que ellos están ahí, respirando el mismo aire que yo. Pero debo resignarme: ya nada puedo hacer por ellos. Aunque con la genética los hiciese inmortales, para cuando adquiriese esos conocimientos ellos ya habrán muerto y serán lo que estaban condenados a ser: pasado también.

Realmente no puedo estar feliz, porque todo será pasado. Aunque en un hipotético futuro me los encuentre de nuevo, ya nada será lo mismo: aquello me da pena. Los cambios me dan pena aunque sean para bien: el solo hecho de que las cosas desaparezcan ya me entristece. Mi cuerpo también está cambiando. Ya tendré 20, y de ahí 30... Mi vida está marcada de antemano por la vejez y la muerte. ¿Podré hacer algo para torcerles la mano? Eso espero. Pero mi madre y mis perros y mis gatos y mis loros no. Ya sus días están contados. Espero, también, que sean muchos más.

He llegado a una conclusión: debo despedirme de todo. nadie sabe cuando lo que ahora es ya no lo será más. A todo lo fotografiaré, filmaré y grabaré, para que, al menos, su existencia quede registrada en un trozo de cinta o de disco duro.

la vida cambia la vida sigue

por carlos520
sábado, 01 de marzo del 2008 a las 01:41
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A lo largo (y ancho) de nuestras vidas, se van produciendo cambios, siempre para bien o para mal. A veces nos encontramos con unas situaciones, que no estamos seguros de poder superar, y a veces, nos encontramos con otras que nos hacen sentir estupendamente, pero la realidad, es que, sea como sea, la vida sigue, y hay que seguir adelante, las cosas buenas llegaran, y se iran tal y como vinieron, y lo mismo pasara con las cosas malas.

Pero lo importante siempre, es aprender de todo lo que nos pueda pasar, para bien, o para mal. Porque cuando todo halla pasado, lo unico que conservaremos de esas situaciones (aparte del recuerdo de las mismas) es nuestra experiencia.

Tenemos una vida con una duración tasada. No podemos llevarnos nada de aquí, sólo experimentar lo que hemos hecho y expresar con nuestra propia vida un caracter decidido, alegre y trascendente.

La única trascendencia que podemos tener es la de disfrutar la vida sin apegarnos a la misma. Y si no, al tiempo.

Vive como si no hubiera más que ahora y habrás conseguido las trascendencia.

Una empresa surcoreana clonará por primera vez una mascota por encargo

por carlos520
jueves, 28 de febrero del 2008 a las 02:59
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  • Se trata de Booger, un pitbull terrier muerto hace 18 meses.
  • Su dueña congeló una oreja para poder duplicarlo.
  • El encargo lo ha recibido la empresa surcoreana RNL Bio y costará 100.000 euros.
La californiana Bernann McKunney se sentía tan unida a su perro, un pitbull terrier fallecido hace 18 meses, que ha encargado a la empresa surcoreana RNL Bio que le haga una réplica exacta.

De esta manera, Booger, como se llamaba el animal, se convertirá en el primer perro clonado con fines comerciales, aunque para ello su dueña tendrá que desembolsar unos 100.000 euros, informa BBC Mundo.

Extrajeron células de los tejidos y las insertaron en óvulos que luegoimplantaron en ocho perrasLa réplica la llevará a cabo el mismo equipo de la Universidad Nacional de Seúl que clonó por primera vez a un perro en 2005, aunque aquella vez no fue por encargo.

Para poder hacer una fotocopia genética de Booger, los expertos utilizarán sus tejidos, que se han podido conservar gracias a que McKunney guardó una oreja del animal en el congelador tras su muerte. De esta manera, RNL pudo extraer células e insertarlas en óvulos que luego fueron implantados en ocho perras.

Los precios bajarán en el futuro

"Hay muchas personas en los países occidentales que quieren clonar a sus mascotas, incluso a este precio tan alto", dijo Jeong-Chan. En el caso de McKunney, Chan tiene claro por qué: "Parece que tiene una discapacidad y el perro la ayudaba a enfrentar el problema, por eso está ansiosa por el clon de su Booger", explicó.

La empresa espera ahora que mucha gente se anime a clonar a sus animales domésticos en los próximos años, especialmente de multimillonarios amantes de las mascotas. No obstante, matiza que si la medida se populariza, los precios irán bajando.

Pagán 10 millones de euros por matricular su coche con el número 1

por carlos520
jueves, 28 de febrero del 2008 a las 02:57
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  • Esta matrícula ha batido este sábado el récord mundial al subastarse por 9,6 millones de euros.
  • El nuevo dueño es el empresario Said Abdel Gahffar Khouri.
  • El emiratí ha arrebatado el récord mundial a su compatriota Talal Khouri.
Una matrícula de automóvil, con el número 1, ha batido este sábado el récord mundial al subastarse por 9,6 millones de euros en un hotel de lujo de Abu Dhabi, la capital más rica de los países petroleros del Golfo Pérsico, según informó la agencia oficial de noticias local WAM.

Un hombre de negocios emiratí, Said Abdel Gahffar Khouri, ha ofrecido 52,2 millones de dirham, equivalente a 14,2 millones de dólares (9,6 millones de euros) por la matrícula. Khouri indicó, tras la compra de dicha matrícula, que tampoco era un precio excesivo debido a la fortuna de su familia.

El emiratí ha arrebatado el récord mundial a su compatriota Talal Khouri, otro hombre de negocios que pagó 5 millones de dólares (3,4 millones de euros) por otra matrícula, con el número 5, y que colocó en su Rolls-Royce. En total fueron subastadas 90 matriculas, por un total de 89 millones de dirham (24,2 millones de dólares ó 16,5 millones de euros)

Acusado de robo un hombre que retiró 2 millones de dólares de la cuenta bancaria de un tocayo

por carlos520
jueves, 28 de febrero del 2008 a las 02:55
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Un residente del barrio neoyorquino de Brooklyn ha sido acusado de robo por retirar más de dos millones de dólares de una cuenta bancaria de una persona que tenía su mismo nombre, Benjamin Lovell, y que fue confundido con él por el banco.

La fiscalía de Brooklyn ha informado hoy de que el acusado, un vendedor de 48 años, ha asegurado en su defensa que hace un par de meses ya trató de advertir a los responsables del Commerce Bank de que él no tenía 5,8 millones de dólares en su cuenta.

Sin embargo, estos le contestaron --siempre según la versión del afectado- -que si él se llamaba Benjamin Lovell, no se trataba de ningún error.

La fiscalía de Brooklyn asegura que el banco confundió al afectado --que gastó y regaló parte de los fondos retirados--, con otra persona del mismo nombre que trabaja para una compañía de gestión de propiedades.

Según la acusación, Lovell ha llegado a retirar más de dos millones de dólares y ha regalado parte del efectivo entre sus amigos, ha comprado joyas y ha invertido dinero en diferentes iniciativas que no han tenido mucho éxito.

Un anciano, condenado a 30 latigazos y cuatro meses de cárcel por pasear a su perro

por carlos520
jueves, 28 de febrero del 2008 a las 02:53
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  • El juez condenó al hombre por alteración del orden público.
  • En Irán se considera una provocación pasear al perro, un animal "impuro".
Minuteca todo sobre:

Un ciudadano iraní de 70 años fue arrestado esta semana y condenado a 30 latigazos y cuatro meses de cárcel por pasear a su perro. Según recoge Fox News la policía arrestó al anciano en Sharhr Rey, un suburbio de Teherán.

Los dueños de animales domésticos tienen prohibido pasearlos por las calles debido a que el Islam considera a estos animales impuros, por lo que el juez culpó al hombre de alteración del orden público, según informaba la web Adnkronos .

La Policía asegura que los dueños de perros les "desafían" sacando a los animales a las calles.

El presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, provocó recientemente el debate sobre los perros y sus dueños cuando él compró cuatro perros guardianes, por un valor de 161 dólares cada uno.

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